23 de marzo de 3081

 

 

            La nada se me está haciendo larga en esta ocasión. El próximo sistema, fuera ya de mi área de exploración, está aún a unos cuantos días a toda velocidad. Tampoco siento por ahí la Tierra, pero no quiero dejar de lado ninguna posibilidad.

            A veces me gustaría salir de la zona de exploración, es decir, de la zona que se nos asigno al conjunto de los exploradores. Una buena parte de ese área está seguramente sin visitar, pues algunos de mis compañeros murieron antes de finalizar su tarea. Algunos, incluso, como Chion-Ho, murieron cerca del Sistema Solar, víctimas de los ataques viajeros.

            Salir de la zona de exploración, hacia lugares donde no puede estar la Tierra, sería como irse a un lugar que nadie sabe si existe, como los primitivos navegantes que salían en busca de continentes de leyenda.

            Quizás si un día me desespero iré en busca de estrellas desconocidas para ponerles nombre y conocer sus maravillas. Quizás nadie llegue a saber los nombres, pero tendrán el nombre que yo les ponga aunque vuelvan luego a ser bautizadas mil veces más. Tal vez nadie reciba noticias de mis descubrimientos, pero esas galaxias serán ya conocidas, porque el árbol que cae en un bosque primitivo hace ruido, aunque no haya nadie para oírlo y el gato de Schrödinger se muere aunque no abramos la caja Footnote . Las cosas suceden por y para sí mismas y no necesitan de testigos para ser reales. Ahora comprendo perfectamente lo que predica el panteísmo: yo no puedo buscar a Dios en ninguna parte porque estoy navegando por Él, dentro de Él y a Su lado. Todo lo que me rodea es parte de Él y, por tanto, no necesita mi presencia para existir o cambiar de esencia. Footnote

            Si, un volcán de un planeta perdido erupciona aunque nadie lo llegue a saber. Y una estrella muere aunque nadie registre su desaparición. Y yo vivo aunque todos piensen que estoy muerto y nadie sepa que voy errante por el Cosmos, porque yo soy suficiente para dar sentido a mis actos, como lo son el árbol, el volcán y la estrella. Todos somos parte de un todo, y cuando ese todo es consciente lo llamamos Dios.

            Lo malo es que Dios no siempre es tan consciente como nosotros quisiéramos y a veces nos deja un poquito solos, ¿o simplemente creemos eso al ver que no hay salidas?

            Casi nadie piensa que Dios también puede ser una puerta cerrada.