Javier Pérez (Zamora, 1970) debuta en
la literatura con La crin de Damocles (Premio
Azorín 2006), novela que presentó ayer Luis Mateo Díez y con la que
ha tratado de explicar “el paso de un pueblo hacia la
irracionalidad”.
E l escritor zamorano
sitúa su narración en los años 20-30 de la Alemania del siglo
pasado. ¿Cuando empezó a fastidiarse todo en la próspera y culta
Alemania del siglo XIX y primeros años del XX? Los historiadores le
dan vueltas al asunto. Algunos son profundos y perceptivos. Pero
seguro que se pierden muchos matices en los bucles de la
intrahistoria.
E l proceso de una
cierta (y frágil) sensatez hacia los terrenos de lo irracional no
sabe uno nunca muy bien cuando y por qué comienza. El origen de ese
terrible camino es a menudo como un grano de mostaza: primero se
discute sobre palabras o definiciones, luego sobre conceptos y
contenidos... y de pronto, ya no se discute, se dispara y se echa la
culpa al otro.
E n España tenemos
muchos ejemplos históricos de ese laberinto en espiral que acaba
provocando miles de muertos.
U n
lector me envía un correo sobre el brindis de Rosa Regás, directora
de la Biblioteca Nacional, por la República: “En la II República, si
la directora de la Biblioteca Nacional hubiese brindado en un acto
público por la Monarquía, habría durado en el cargo 15 minutos”.
L uisa Castro (Lugo, 1966) presentó en
Bogotá La segunda mujer , Premio Biblioteca Breve.
Me recomiendan: “Lee esa novela, tiene mucho morbo, es un relato
lúcido, cruel e insólito, basado en personajes reconocibles”. La
leeré y comentaré.
R ay Bradbury
(1921) afirmó ayer en Buenos Aires que la lectura “hay que
practicarla cuando se es muy joven, aproximadamente a los cinco
años”. El autor de Fahrenheit 451 dice que a esa
edad “es el momento en que hay hambre por leer”.
L a lectura a los 5 años como placer intelectual,
porque como aprendizaje, comienza antes. A los cuatro años, más o
menos. La primera etapa de la vida es decisiva. La infancia es la
verdadera patria. La patria más auténtica y profunda.
A prendí a jugar al ajedrez a los 14 años. A los 19
fui campeón de Valencia. Me pregunta un amigo: “¿Dónde hubieras
llegado de haber aprendido a los 5 años?”. Seguramente a campeón de
España y también al desastre absoluto. El ajedrez es muy hipnótico.